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¿A alguien le interesa tener una justicia decente?
El silencio del fiscal superior de Pucallpa, quien primero solicitó veinte años de cárcel para el alcalde de la ciudad, Luis Valdez, por considerarlo autor intelectual del crimen del periodista Alberto Rivera, pero después se 'olvidó' de apelar cuando se produjo su absolución, es una expresión más de la podredumbre de la justicia en el país.
El caso es muy grave porque refuerza la sensación extendida de que el poder y el dinero deciden muchos juicios ante la corrupción y falta de independencia que agobian a la justicia peruana.
Pero es más grave si se considera la notoriedad de este caso por la atención justificada que ha producido en algunos medios de la capital, en el Consejo de la Prensa Peruana y en el Instituto Prensa y Sociedad, ante la convicción de que no se debe dejar impune el asesinato de un periodista por sus consecuencias en el objetivo de construir una sociedad libre.
Si en un hecho con tanta atención mediática ocurren estos 'descuidos', qué puede esperar el ciudadano anónimo cuyo caso no alcanza notoriedad, pero sufre cotidianamente el problema de una justicia que no es ciega, como se comprueba con lo que está sucediendo en el Cono Norte y en el Norte Chico, donde la corte de Huaura se ha convertido en el paraíso del enjuague judicial.
Aunque no se puede generalizar, pues también hay jueces y fiscales honestos, es obvio que el problema de corrupción en la justicia peruana es muy profundo.
Esto afecta los derechos básicos de las personas que demandan un juicio correcto y oportuno. Y, también, el clima de negocios pues si, ante una controversia, las empresas deben recurrir a una justicia deshonesta, el costo de operar se eleva, se ahuyenta la inversión decente y se atrae a los piratas.
Frente a ello, es lamentable que el Gobierno carezca de una propuesta para avanzar, concertadamente y respetando la independencia de poderes, en el camino de forjar una real justicia en el país.
Mientras ello ocurre, la ministra de Justicia, en lugar de promover iniciativas en esa dirección, está más interesada en servir como tampón de sellos de cualquier iniciativa legal que, por más absurda que sea, lance el presidente de la República para elevar su popularidad. Así, el Perú no avanza.
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