|
Lecciones de la condena judicial al 5 de abril de 1992.
Siempre se puede debatir si una sentencia judicial es benigna o exagerada, pero lo relevante del fallo de la Sala Penal Especial de la Corte Suprema que anteayer condenó a diez ex ministros de Alberto Fujimori que, con su permanencia en el gabinete, avalaron el autogolpe del 5 de abril de 1992, es que deja lecciones claras para los que en el futuro vuelvan a sentir la tentación de quebrar el orden democrático fijado en la Constitución.
En este sentido, el primer mensaje de este fallo histórico es precisamente ese, es decir, que quienes participen en el futuro en un golpe a la democracia van a recibir una sanción. Por tanto, por más entusiastas que estén por un gobierno, deben saber que si este se desliza por los caminos autocráticos van a recibir una condena.
El segundo mensaje del fallo es para el hoy reo Fujimori. La sala se reservó la lectura de la sentencia en su caso hasta que la Corte Suprema de Chile apruebe su procesamiento en el Perú por este delito. Las autoridades no deberían bajar la guardia en este pedido.
El tercer mensaje es para la población en general. Esto es particularmente relevante en el contexto del desprestigio creciente por el mal funcionamiento de la democracia peruana, explicado, principalmente, por la irresponsabilidad de sus actores más importantes, tanto del gobierno como de la oposición.
Según el Latinobarómetro, está bajando el porcentaje de peruanos que considera que la democracia es preferible a cualquier otro tipo de gobierno. Fue de 63% en 1996, de 55% en el 2006, y este año ha caído a 47%.
Simultáneamente, está aumentando el sector que considera que, en ciertas circunstancias, un gobierno autoritario es preferible a una democracia. Fue de 13% en 1996, de 20% en el 2006 y de 22% este año.
Es obvio, sin embargo, que la actitud de la población ante la democracia y la autocracia no se va a determinar por fallos judiciales sino, básicamente, por la percepción sobre el efecto del sistema político en la solución de sus problemas cotidianos. Según la misma encuesta, los peruanos somos, junto con los paraguayos, los latinoamericanos más descontentos con nuestras democracias.
En este sentido, es en dicho terreno en el que se requiere perfeccionar nuestra todavía frágil democracia.
|