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| Acto de fe |
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La confianza se otorga en base a planes, no a personas
"Quiero infundir fe y confianza a los empresarios", fue la arenga repetida con insistencia por el presidente Alan García durante su exposición en la CADE. Sin duda, es un mensaje positivo y optimista, pero lo correcto debió ser que el mismo se hubiera sustentado en planes específicos y no, simplemente, como un acto de fe hacia su persona, que es lo pareció que quiso hacer ayer en Trujillo.
El presidente centró su discurso en el esfuerzo por transmitir confianza al sector empresarial para que este acelere sus inversiones y abandone la preocupación por el riesgo de que en la próxima elección pueda surgir, con fuerza, una candidatura presidencial que, como en el año 2006, proponga un modelo económico alternativo al actual.
De este modo, el presidente quiso contrarrestar la tesis -esbozada en esta columna y en varios otros espacios- de que el importante proceso de inversión que se registra actualmente, y que se convierte en tasas de crecimiento altas, debe ir acompañado de un programa audaz para lograr cambios importantes en las actividades directamente vinculadas a la calidad de vida de la población, es decir, educación, salud, seguridad, justicia, infraestructura y la propia organización del Estado.
Sin ello, seguiremos teniendo un esquema en el que los frutos del progreso solo alcanzan a una parte de la población (la moderna), mientras la otra (la pobre) no logra engancharse a este circuito.
Si ello ocurre, es obvio que en la siguiente elección habrá un segmento relevante de la población que estará tentado de votar por una opción radical.
En lugar de perfilar planes específicos para los rubros antes mencionados, donde es obvio que el gobierno todavía carece de ideas y estrategias concretas, el presidente se dedicó ayer a desprestigiar a quienes realizan estas críticas, y les demandó a los empresarios reunidos en la CADE "fe dura", "no dejarse ganar por el pesimismo seudo social" ni estar con "preguntas gimoteantes".
Transmitir optimismo es importante, pero este debe fundarse en planes viables, salvo que la pretensión del presidente sea convertirse, él mismo, en la fuente de la confianza, lo cual obligaría a tener que reelegirlo en el año 2011, en un nuevo capítulo de la historia del 'mal menor'.
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