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| Se salió el mar |
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El uso creciente del agravio en lugar del diálogo.
Hizo bien José Chlimper al ofrecerles disculpas públicas a los estibadores a quienes, de un modo tan desafortunado, llamó "malnacidos" y amenazó con enfrentarlos con su arma -"autorizada por Dicscamec"-, para recapturar el puerto del Callao, a la vez de increpar a los funcionarios de un ministerio -a los que tildó de "cagones", usando un 'e-mail' anónimo- por no hacer lo mismo.
Se entiende el profundo malestar de los exportadores debido a los graves perjuicios ocasionados por la paralización del principal puerto del país. Pero esto no puede justificar el exabrupto inicial ni el respaldo inmediato y público que le dieron otros empresarios.
Es, por varias razones, un hecho lamentable. Primero, porque una cosa es el reclamo legítimo por la pronta solución de un problema complejo, y otra, la adopción de actitudes de gamonal desaforado. Con el mismo argumento, un líder sindical podría sentirse con autoridad para usar la violencia como instrumento para conseguir sus objetivos, o amenazar con hacerlo.
En cualquier caso, se construye un clima social donde el insulto, y hasta la violencia, se convierten en mecanismos para airear diferencias que son normales en una democracia, con el grave perjuicio que significa para la sociedad el negarse al diálogo y la negociación. De paso, debe reconocerse que, lamentablemente, en algunos medios peruanos hay periodistas que recurren al mismo tipo de agravios. Si bien estos les sirven para camuflar la falta de ideas, contribuyen a crear un clima social envenenado.
De otro lado, el respaldo de un sector de empresarios a las expresiones iniciales de Chlimper mella la imagen de la empresa privada que, como registró una encuesta reciente de la PUCP, no anda muy bien, ahondando la percepción de prepotencia.
Finalmente, lo ocurrido es más lamentable aún porque Chlimper es un empresario moderno, que apuesta por la competitividad antes de hacer negocios en el pasadizo del ministerio, y que posee una visión de Estado que no es frecuente entre los inversionistas. Pero esta vez, se salió el mar. Que este vuelva pronto a su nivel.
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